La Vía de la Plata: remontar la historia

De entre todos los caminos históricos que aún recorren la Península, quizás la conocida como Vía de la Plata sea el más auténtico y ancestral. Como sucede con casi todas las calzadas que Roma acondicionó y reguló, su trazado fue ya una senda utilizada durante la Prehistoria, encargada de conectar el occidente de las dos Mesetas separadas por el abrupto paso del Sistema central en esta zona. Con su ameno y variado diseño Roma enlazó dos de las principales ciudades augusteas del Oeste hispano: Emerita Augusta, Mérida, y Asturica Augusta, Astorga, en los tiempos en que se consolidaba la conquista de la zona Noroeste, última de la Península en estar bajo dominio romano, durante el último siglo antes de la Era.

Su nombre poco parece tener que ver con el metal al que se refiere, sino más bien con la corrupción de la pronunciación del árabe balath (camino, pavimento, firme), de donde blata y, finalmente, plata, en una expresión que quizás se confundió gracias al supuesto comercio de metales que los primeros eruditos que la estudiaron atribuirían a esta ruta principal. Vía de la plata vendría a decir “camino del camino” (algo así como puente de Alcántara dice literalmente puente del puente). Camino, pues, por antonomasia, pues una vez que Roma cayó, su trazado siguió vertebrando estas dispares regiones de Hispania, para el tránsito de los visigodos o, sobre todo, para uso del Islam peninsular, ya fuera para sus tropas (las de Almanzor llegarían a Compostela por aquí), ya para sus comerciantes y viajeros en general.
Pero quienes usaron de ella como su ruta dilecta fueron los mozárabes, huidos de Al-Andalus a tierras del reino leonés, que drenaron el saber y los gustos de la refinada sociedad musulmana a las rudas cortes norteñas y, de ahí, a Europa. Por este itinerario también se caminó a Santiago antes de que el camino francés convocara peregrinos de más allá de los Pirineos. Por aquí se desplazó la (re)conquista de los reyes cristianos hacia el mediodía; por aquí mesnadas y tropas, de Fernando III a Napoleón, surcaron paisajes soberbios en pos de ambiciones hoy triviales.
Pero la ruta sigue. Una Vía que siempre fue espina dorsal de una región singular, configurada a su paso, y ocasión para el intercambio y la amalgama cultural, para el acontecimiento histórico, militar o social, y para el pasmo cotidiano. Un camino histórico cuyo inicio (o terminación, según se mire) se sintetiza y anuncia en la antigua Asturica Augusta, la moderna Astorga, partida y destino de una ruta milenaria que remonta la historia hasta nosotros.

Luis Grau Lobo

Asociación de Pueblos en Defensa de la Vía de la Plata

Los caminos históricos son esenciales para fundamentar esa Europa de los pueblos a la que tantos aspiramos. La Vía de la Plata, la calzada romana entre Mérida y Astorga, todavía visible en una buena parte de su recorrido y que conserva el mayor número de miliarios "in situ" de todas las Vías romanas del continente, bien merece difundirse y promocionarse a la par que defenderse ante sus falsificaciones.

Con la denominación de Ruta de la Plata o Vía de la Plata, entidades privadas e instituciones, justifican inversiones ajenas a dicha calzada e identifican como tal una carretera de unoscien años entre Gijón y Sevilla o el camino peregrino que por la Sanabria zamorana y Orense lleva a Santiago de Compostela. Todo, con propósitos puramente mercantiles, al margen de criterios históricos y en contra de la protección del verdadero trazado.

Éste discurría por grandes ciudades pero también por pequeños pueblos asentados en una ruta ancestral que los romanos consolidaron definitivamente al incluirla en su red viaria.

En uso más o menos continuado durante siglos, la calzada romana también ha sido camino de peregrinación. No en vano su destino, Astorga, constituye una encrucijada por la que tiene su paso el Camino de Santiago Francés. Cualquier año puede ser un buen momento para que peregrinos o viajeros recorran el itinerario original. Además de motivaciones personales, los vestigios de la obra de ingeniería de más de dos mil años, los bellos parajes naturales y el excepcional patrimonio cultural son razones suficientes para disfrutar y reivindicar la bimilenaria Vía de la Plata.

Mientras algunos intentan usurpar y hacer valer una historia falsa para reivindicar itinerarios turísticos a través de carreteras de hace apenas cien años la Calzada Romana de la Vía de la plata se pierde por el abandono de las administraciones de tal manera que las palabras del Padre Morán, sobre la misma, siguen siendo válidas 60 años después de sus estudios:

"Seguía yo por el viejo camino con el orgullo del que va en buena compañía, cuando veo que una pared indiscreta corta perpendicularmente la Calzada, y del otro lado aparece un campo sembrado de trigo. Esa propiedad, indicada por la pared, nos aprisionó la Calzada, la escondió, la deshizo, la aró y la sembró. Hasta aquí siempre he visto respetado el derecho de los transeúntes a pasar por la Calzada. Ahora nos privan de ese derecho y nos obligan a rodear por un lado. Tenemos que separarnos de nuestra querida Calzada, porque sería demasiado sacrificio, y sacrificio inútil, saltar paredes, ir por tierras aradas, propias para domar caballos y exponerse a las iras del dueño, que no sé hasta qué punto tendrá derecho a interceptar el camino como se ve al presente."
Padre Morán. Salamanca 1946.

Asociación de Pueblos de la Vía de la Plata

Produce: Imagen MAS / indi.es

Diseño gráfico y programación: indi.es

La vía en 3D: Inventa Multimedia

© Todos los derechos reservados, salvo los que expresamente se indiquen con diferente licencia.

Ayuntamiento de Astorga

Pza. Mayor s/n

24700 Astorga - León

info@laviadelaplata.es

Para participar enviar contenidos o noticias:
participa@laviadelaplata.es

Aviso legal